DÍA 2 (I). El viaje.

Aquella noche no pude dormir. ¿Los nervios? ¿Una súbita sensación de salir de mi zona de confort hacia algo peligroso? ¿La consecuente respuesta de mi cerebro que me decía que qué iba a ser peligroso si esto es la vida real? ¿El posterior debate mental durante las horas posteriores? ¿El mosquito que puso la guinda a tan maravillosa noche?

Aún no había salido el sol cuando decidí levantarme y hacer la dichosa maleta para dos días.¿Y qué llevo si no sé dónde voy? Llenar de “por-si-acasos”, fue la decisión más correcta. Una vez terminada la maleta que usaba para mis viajes low cost, me tomé dos o tres cafés para hacer tiempo y permanecer despierta. Mientras llegaba lentamente el mediodía, pensé en la posibilidad de avisar que salía de la ciudad unos días, pero la deseché cuando recordé todo el misterio con el que me captaron para Proyecto Tempus.

Cuando pasaban un par de minutos las 11.50, y yo no sabía qué más hacer para matar el tiempo, al mirar por la ventana me di cuenta de que había un coche de alquiler blanco aparcado frente a mi edificio. Qué decepción, ¡yo esperaba una limosina negra de cristales tintados o un camión militar! Tranquilamente, una mujer rubia y menuda se apeó del coche y miró directamente a mi ventana. “Sí, son ellos, y han visto cómo oteaba el panorama” -pensé.

Como no había motivo alguno para esperar que llamaran al portal, decidí bajar. Cuando salí a la calle, pude ver que ella estaba apoyada en el coche, esperando. Ni se había molestado en cruzar. Me dio los buenos días, y me preguntó si era eso todo lo que llevaba y si quería llevarlo conmigo o en el maletero. “Pues hombre, maletero, digo yo”.

Una vez en el coche, me entregó un sobre con una identificación con mi nombre y foto –a estas alturas no hacía falta preguntarme de dónde la habían sacado- y unas llaves.

– Ahora nos vamos a Madrid, el vuelo sale en una hora, allí conocerá a parte del equipo y le daremos más información sobre Proyecto Tempus. Después, la mayor parte del tiempo la pasará en Cantabria.

– A Madrid en avión, ¿no vamos un poco justas de tiempo?

– No se preocupe por eso, el tiempo es relativo.

– ¿Cómo que relati…?

– Disculpe, tenemos que salir ya, usted compruebe los datos de su tarjeta mientras llegamos. Tenemos el vuelo para comentarlo.

– Pero, si hay que facturar y hacer el check-in, ¡lo vamos a perder!

– Como le he dicho, no se preocupe por eso.

Cuando llegamos al aeropuerto lo entendí perfectamente. No teníamos que esperar cola; no había ningún tipo de personal para hacer los controles pertinentes. Simplemente llegamos, entramos y caminamos sin parar hasta la pista. Un pequeño avión nos esperaba, ahí estaba de nuevo el toque surrealista de toda esta historia: todo un avión para nosotras dos. Pero no, no estábamos solo nosotras, el hombre del CNI nos estaba esperando. Tardé en reconocerle sin el uniforme militar.

– Bienvenida, Sujeto Cero, hoy comienza su aventura. Descanse durante el vuelo, lo va a necesitar.

Avion

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Autor: Sujeto Cero

No puedo revelar mi verdadero nombre, pero puedo decir que me han captado para un proyecto ultrasecreto: Proyecto Tempus. El Tiempo es el medio y la Historia, el objetivo

2 comentarios en “DÍA 2 (I). El viaje.”

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