DÍA 2 (IV): Sorpresa

– Pero, ¿cómo que voy a viajar en el tiempo?

– Sí, hemos desarrollado una tecnología que permite viajar al pasado por un breve periodo de tiempo –explicó Khan-. Pero eso se lo explicará mejor Doc.

¿En serio, le llaman Doc? ¿También conducirá un Delorean?

– Entonces, todos estos libros, la videoconsola… ¿para qué quiero una videoconsola?

– Formará parte de su formación, como le dije. Virgilio y Clara le acompañarán en ese proceso de aprendizaje.

– ¿Aprendizaje, para qué?

– ¿Acaso va a viajar al pasado sin conocer cómo era el lugar al que viaja en el momento de destino? ¿Comprendería el castellano bajomedieval? ¿Podría leer un anuncio en una plaza del s. XVIII? Para conocer un hecho en el pasado se necesita un contexto, pero, para viajar al pasado, se necesita saber moverse y actuar como en la época a la que va –a Virgilio le brillaban los ojos mientras hacía su pequeño soliloquio, que parecía que había practicado hasta la saciedad-.

– Vamos, que vuelvo al colegio.

– Es más que eso, se va a mimetizar, como hacen los espías. ¿O acaso cree que los espías van a las misiones sin tener ni idea?

– … -no sabía qué responder, touchée-.

– Aprenderá un poco de todo, pero ante todo, necesitará práctica para moverse entre la gente de la época sin llamar la atención. Así que empezará con esto -me entregó lo que parecía una caja de DVD con una portada que nunca habría esperado-.

– ¿Assassin’s Creed?

– Exactamente. Disfrute de su juego, le acompañaremos a su habitación. Necesitará la llave color bronce para entrar. Le recomendamos que descanse un poco y comience la primera parte. Juegue los juegos en orden, nada de empezar por Florencia por ser más llamativa y reconocible. Le avisaremos para cenar, pero, por el momento, no salga si no le acompañamos alguno de nosotros, puede ser peligroso por motivos de seguridad. Mañana terminaremos de explicarle Proyecto Tempvs y, créame, dejará de tener dudas por completo.

– Eso espero –lo único que tenía en la cabeza eran, precisamente, dudas, preguntas y la esperanza de estar teniendo un sueño demasiado vívido-.

Me acompañaron hasta mi cuarto, en aquella misma planta. La habitación era grande y espaciosa con un baño también amplio. Investigué toda la estancia. Habían instalado un ordenador y una videoconsola, en los armarios habían colocado mi ropa –ni me acordaba de que había traído maleta- y, además, un chándal y algo que no supe identificar muy bien, que me recordaba a un traje antirradiación. El baño tenía todo tipo de toallas y accesorios; decidí darme una ducha que luego se convirtió en un baño para relajarme. Cuando me recosté sentí relajarse todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo. Al salir del cuarto de baño, reparé en un objeto junto al televisor. Era un extraño casco negro. Cuando me disponía a cogerlo para saber qué era, llamaron a la puerta: era Clara, ya era hora de la cena.

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